6 de agosto de 2020
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Esta semana se radicó en el Congreso de la República el proyecto de Presupuesto General de la Nación – PGN 2021, el cual a la luz de la coyuntura que estamos viviendo, y con el fin de mitigar el impacto social y económico tendría un crecimiento de alrededor del 15% llegando a los $314 billones.
Este año, la crisis sanitaria nos llegó de sorpresa y se tuvieron que hacer modificaciones presupuestales y cambios para priorizar lo relacionado con el COVID-19. Pero ahora, que ya tenemos claras las implicaciones y el panorama, para el 2021 tenemos la posibilidad como país de planificar y reorganizar nuestro presupuesto de cara a las nuevas realidades, dando énfasis a una reactivación económica, que permita recuperar las fuentes de empleo e ingreso de la población.
Obviamente se darán discusiones sobre los sectores y rubros que serán objeto de ajustes, pero si algo debe quedar claro, es que no será posible consolidar una reactivación económica sostenible, si esta no parte desde las regiones. Es necesario que en el presupuesto nacional se tengan en cuenta las necesidades y sentir de las regiones, y que esto sirva para dar un paso hacia mayor autonomía de los entes territoriales.
Por eso en la discusión de este presupuesto, y dado que las finanzas de los entes territoriales se encuentran muy afectadas, la descentralización será clave. Habría que validar que tanto del presupuesto finalmente quedará “regionalizado” – es decir, cuanto va directamente a los departamentos y no a través de programas nacionales generales – sobre todo en lo referido al rubro de inversión, porque de esto dependerá la capacidad de las regiones de recuperar su senda de crecimiento.
Corroboraremos si sigue la línea centralista o esta vez, dada la coyuntura y la necesidad de recursos directos en los territorios, se hará un presupuesto de regiones, lo cual dependerá del trabajo de los congresistas y la disposición del gobierno nacional. Sin embargo, esta discusión no solo es de cómo va a ser la distribución de los recursos, sino cómo van a ser administrados, y qué margen de maniobra tienen los entes territoriales para impulsar proyectos propios que se complementen con las estrategias locales diseñadas para la reactivación.
La mayoría de los recursos que le llegan a las regiones son gastos de funcionamiento y en los gastos de inversión se presentan inflexibilidades, que convierten a los gobiernos locales, en simples tramitadores del gasto nacional. Esto ha sido históricamente así, y luego surgen los problemas de la baja ejecución, de la falta de coordinación gobierno – regiones, falta de proyectos estructurados, y baja capacidad técnica de los entes territoriales. Todas excusas, que se pueden solucionar con un buen acompañamiento y articulación nacional, y a través de estímulos que fomenten la eficiencia y transparencia.
Esto no debe continuar así, si pretendemos que en las regiones, fruto de concertación pública privada, se tomen las riendas del camino a la reactivación, teniendo en cuenta su composición sectorial, su dotación de capital físico y humano y en general, sus propias realidades económicas y sociales, que implican medidas diferenciadas.
Es clave que prevalezca la descentralización regional en el presupuesto nacional de reactivación económica para el 2021, para que las iniciativas y programas se sueñen desde las regiones, se estructuren de manera concertada, y así mismo se ejecuten de forma eficiente en beneficio de los territorios.
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